viernes, 16 de febrero de 2018

Mamá en Apuros: Con tiempo de sobra



Esto me pasó en la primera revisión que tuve. Hace poco he tenido ya la segunda revisión, y mira, me da igual dar cien mil vueltas, que si me van a decir lo estupenda que estoy habrá merecido la pena.

Pero como ya he dicho, esto fue cuando tenía que ir a ver al de radioterapia por primera vez tras el tratamiento. Había visto ya a la oncóloga, que me había dicho que estaba todo genial, pero el de la radio también tenía que verme. Además, como es ginecólogo me iba a ver como es debido, encima del potro de tortura y bajo la sábana.

Lo tenía todo calculado. La consulta de radioterapia la tengo en la Princesa porque mi hospital de referencia no tiene servicio de radio. Pero sin problema: me iba a ir en transporte público. Había pedido la imagen en CD de mi resonancia magnética porque la primera vez que vi al doctor no funcionaba bien el servicio interno que ellos tienen y no lo pudo ver. Me adelanté, lo solicité con tiempo y, aunque se me había olvidado ir a por ello, tenía tiempo de pasar por el hospital, así aprovechaba el viaje para coger el metro en la parada del centro hospitalario, ya que donde vivo no hay.

Fui hasta allí. Contenta. Encontré aparcamiento bastante lejos, pero sin problema, tenía tiempo. Además, el pelo me había quedado genial ese día. Y ya sabía que estaba bien, por lo que el doctor no tendría nada malo que decirme. La vida me sonreía y además iba con tiempo de sobra. Llevaba lectura para el metro, y por si llegaba muy pronto y me aburría de leer (cuando estoy nerviosa no soy capaz de concentrarme) también llevaba el ganchillo. 
Corre, corre, corre


Antes de llegar a la puerta del hospital me encontré con una amiga y estuve un poco hablando con ella. Había ido a dejar a su padre al tratamiento y se iba corriendo al trabajo. Ella llevaba prisa, yo no. Le sonreí cuando se iba y sacudí la cabeza. Había olvidado lo que era vivir así, a la carrera: corriendo a por los niños (ella tiene dos), corriendo al hospital a dejar a tus padres, corriendo de vuelta para hacer la comida… Corriendo, corriendo, corriendo. Después de casi ocho meses de baja y de haber tenido cero fuerzas, ya no sabía lo que era el estrés. Y ese día aún menos, que había salido con tiempo de sobra.

Llegué al hospital. Muchísima gente esperando para que la atendieran en el mostrador. Me puse a la cola, saqué mi libro y me puse a leer. Tenía tiempo de sobra. Estar esperando en el mostrador me quitaría tiempo de ganchillo, pero así adelantaba con la lectura. Todo controlado.

Leía, pero un picor incómodo se me despertó en la base del cerebro. Un tic. Como un pequeño aguijón pinchándome una y otra vez. Tic. Tic. Tic. Levanté la vista y miré la cola, apenas habíamos avanzado nada. Bueno, no pasaba nada, seguíamos teniendo tiempo. Tic. Tic. Tic.

Volví a levantar la vista. Una persona se había ido con su trámite hecho. La cola avanzó. Busqué en el bolso el papel que tenía que entregar, lo puse debajo del libro. Y seguí leyendo. Pero incómoda. Tic, tic, tic, el aguijón seguía. Vale, prepararía todo lo que necesitaba para que me entregaran el disco con la resonancia…

Mierda. Mierda, mierda y cien veces mierda.

El tic se disipó, y lo sustituyó una sensación de apremio como no la había sentido hacía mucho tiempo. Miré el bolso, saqué las cinco millones de cosas que tenía dentro y no encontré lo que buscaba. 

Mierda.

Me había dejado el monedero en casa. Y ya no es que no tuviera el DNI que necesitaba para que me entregaran el CD de la resonancia, es que no tenía ni un duro para coger el transporte público para ir al hospital. Me entraron ganas de llorar. Con lo orgullosa que me había sentido por tener todo controlado, por haber ido con adelanto suficiente como para no ponerme nerviosa, ahora resultaba que tenía que volver a casa a por el monedero y ya no tendría margen de maniobra.

Salí casi corriendo del hospital a buscar mi coche. Casi iba jurando en un idioma que solo conocía la niña del exorcista, me sentía tan idiota que necesitaba contárselo a alguien. Llamé a mi marido.

—Soy gilipollas —le dije nada más contestó.

—¿Y eso?

Empezábamos bien. La respuesta correcta tendría que haber sido «no, cariño, eres genial, una diosa y tú nunca te equivocas, son los demás los que no hacen las cosas bien. ¿Que se te ha olvidado el monedero? Culpa del monedero que se salió del bolso…». Pero no. Me dijo «y eso».

Le conté la película.

—Bueno… No pasa nada…

¿¡Que no pasa nada!? ¿¡Que no pasa nada!? 

—¡Claro que pasa! Ahora tengo que ir a casa, subir corriendo y bajar corriendo a coger el bus a ver si tengo suerte y pasa a su hora, para ir a Avenida América. Con lo que odio coger el autobús.

—Pero llegarás a tiempo.

—¡Pero no podré leer ni hacer ganchillo ni nada!

—Haz ganchillo en el autobús.

—Sí, claro, voy a sacar el ganchillo en el bus para que luego tenga que guardarlo y pegue un frenazo y se me escape la aguja y se la clave en un ojo al conductor —puede rebotar en el cristal y darle— y que tengamos un accidente y salgamos en los periódicos.
Armas mortales en potencia


Papá en Apuros me dio por imposible. Creo que la escena dantesca del conductor atravesado por mi aguja de ganchillo y el resto de pasajeros muertos y desmembrados en el asfalto de la A2 no le terminó de convencer.

—Sube a casa, coge el monedero y ve al bus. Seguro que llegas bien.

No hice rally porque aún me duraba algo (solo algo) de la paz mental con la que me había levantado, pero tampoco mantuve la calma. A esas horas no había tráfico, por lo que tardé diez minutos en aparcar cerca de mi casa. Bajé del coche corriendo, subí corriendo tres pisos, cogí el monedero, bebí agua, fui al baño y bajé de nuevo los tres pisos para llegar corriendo a la parada. Usé el viejo truco según el cual, dependiendo de cuanta gente haya esperando el bus, así tardará, para estipular que no tardaría mucho, pero aun así me dediqué a pasear marquesina arriba, marquesina abajo, mirando el reloj y el final de la calle alternativamente.

El autobús tardó cinco minutos en llegar. Los más largos de mi vida. Una señora, con un hijo adolescente me miraba ya con ganas de asesinarme cuando por fin lo vimos aparecer. Ella suspiró, porque yo al final dejé de moverme. Yo suspiré porque en verdad vi peligrar mi integridad. Y porque por fin llegaba el bus. Pero llegaría tarde a la consulta. ¿Cómo se pudo torcer todo por un simple monedero?

El viaje en bus fue un infierno. Por suerte no hubo atasco, que ya lo que me hubiera faltado. Pero odio el autobús. Traquetea, hace calor, tiene demasiadas paradas. Y encima, me acabo mareando. Lo llevo bien los primeros diez kilómetros, más o menos. Luego ya me empiezan a subir los calores, siento un nudo en el estómago y me quiero bajar a toda costa. Pero no podía, porque me supondría llegar aún más tarde. 

Casi paso por encima de tres cabezas cuando por fin paró en destino. Salí a la calle buscando aire como si acabara de atravesar el desierto, me abrí las chaquetas, me quité la bufanda. Pero aún tenía un paseo de diez minutos, y llegaba tarde. Ni la música consiguió distraerme. Pero con el mareo no fui capaz de correr, de modo que me puse en modo andarín y un, dos, un dos, me planté en La Princesa cinco minutos más tarde de la hora a la que tenía cita. 

Llegué como un elefante a una cacharrería, me quité el bolso, la bufanda, el abrigo. Abrí el agua y bebí ansiosa. Notaba los mofletes al rojo vivo. Me senté, y supiré. Miré a mi derecha, al paciente que conocía de vista porque nos habíamos dado la radio en las mismas fechas. 

—¿Qué hora va?

—Yo tengo en punto y aún no me han llamado.

—Ah, vale.

Siempre me pasa igual. Corriendo, corriendo, corriendo. Y luego resulta que tengo que esperar.

Me eché hacia atrás en el asiento, y con la mente demasiado agitada como para leer, me puse a mandar mensajes con mi hermana.

«Soy gilipollas», le puse.

«¿Y eso?», contestó.

¿En serio?


Por cierto: la revisión fue genial. De Voldemort no queda ni una célula a la que enterrar.

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viernes, 9 de febrero de 2018

Corazoncitos por el cáncer



Tenía este post rondando en la cabeza, e incluso ya había escrito una versión de él, pero dudaba de si publicarlo o no. Dudaba porque puede malinterpretarse, ya que es un tema que hay que tratar con delicadeza, para que no quede la cosa como una rabieta infantil.

Porque ni infantil ni rabieta, eso que quede claro. Cada día se diagnostican más casos de cáncer, pero también aumenta el porcentaje de curación (afortunadamente), y cada caso es un mundo. Lo que nos hace iguales es el sufrimiento, por desgracia todos los enfermos de cáncer sufrimos más o menos las mismas consecuencias.

El caso es que se habla más de unos que de otros. Desde luego yo tuve la sensación de que, en la lotería que es el cáncer, me había tocado el patito más feo. Cada vez que me encuentro a alguien y le cuento que he tenido cáncer me mira el pecho. Es una reacción subconsciente, a veces no dura más de un segundo, pero los ojos van hacia mi busto. Y no, no suelo llevar escotes muy pronunciados, ni tengo una talla que llame la atención. Es que dan por supuesto que el que he tenido ha sido de mama. Me he visto obligada a decir las cosas del tirón: 
holaquetalhepasadouncáncerdecuellodeúteroperoyaestoybiengracias. Entonces ya no me miran el pecho, me miran a mi directamente con cara de no haber entendido nada…


La idea del post original me surgió porque había estado recibiendo esa semana varios mensajes, tanto por WhatsApp como por Facebook, en el que alguna mujer me pedía que pusiera un corazón en mi estado, sin explicaciones, para visibilizar el cáncer de mama. Por sistema suelo ignorar las cadenas, incluso las de este tipo, que se suponen que son solidarias para visibilizar una enfermedad que es un incordio. No contesto, no hago alegato, pero me da mucho igual. Porque no creo que poner un corazón en mi estado de Facebook haga mucho, y menos si además no tengo que decir nada, para que los hombres se queden pensando por qué narices pongo un corazón ahí. Porque aquí hay un dato importante: estas cadenas nos las mandamos exclusivamente entre las mujeres.

Pero coincidió que lo mandaron a uno de los grupos de WhatsApp a los que pertenezco y una mujer contestó. Pidió disculpas, porque tenía un mal día, pero que ella no iba a poner un corazón por el cáncer de mama porque estaba un poco harta de que se hablara de ese tipo de cáncer como si fuera el único que sufrimos las mujeres. Que ella estaba pasando por otro tipo de cáncer y que no se hablaba de él.

La verdad, es que manifestó, quizá de forma algo más rugosa, lo que a mi en algún momento se me había pasado por la cabeza. Pero ya digo que no iba a hablar del tema, hasta ayer. Me contactó por Twitter una mujer y me agradeció que hubiera contado mi experiencia en el blog (aún estoy hinchada de orgullo, qué os voy a decir). Me dijo que había hecho búsqueda en internet sobre el tema cáncer de cervix y tan solo encontró mi blog. De cáncer de mama tienes millones de entradas y muchos más testimonios, pero del de cuello de útero, no (que información hay, pero médica). Lo que me hace pensar en que, al final, las cosas me pasan para que las cuente… (A ver cuando puedo contar que me ha tocado la lotería…)

Y no es que quiera ponerme a comparar, ni a patalear, ni a señalar que tu cáncer es mejor que el mío… No, por favor… Pero sí es verdad que se ha abanderado, teñido de rosa, que es el color que nos han dicho que es el que representa a las mujeres (a mi particularmente el rosa no me representa nada) un cáncer que en realidad, también sufren los hombres.

¡Sorpresa! Sí, el cáncer de mama también se da en cualquier persona con mamas. El porcentaje en el que se da depende del tamaño: cuantas más células, más posibilidades. ¿Adivináis qué cáncer no sufre una persona de cromosoma XY? ¡El de cervix! Y sé que igual muchas personas ya lo saben, pero no es una generalidad. Se está quedando en el imaginario colectivo que el cáncer de mama solo lo sufren mujeres, y por eso al final parece que es el único tipo de cáncer que tenemos. Sin embargo no asociamos al hombre como que el único caso de cáncer que puede sufrir es el de próstata.

Y a ver, que tampoco quiero hacer un concurso de popularidad. Pero quiero reivindicar que el cáncer de cérvix es más común de lo que imaginamos, y que las mujeres, como cualquier persona en el mundo, enfermamos de otros tipos de cáncer también. No me molesta que se de visibilidad al cáncer de mama, pero como realmente se consigue apoyo para atajar el cáncer es presionando al gobierno para que destine dinero a investigación. Porque solo con la investigación se puede vencer esta enfermedad.

Que investiguen e implementen la detección de cáncer por análisis de sangre.

Que investiguen e implementen la quimioterapia que detecta a las células cancerosas y solo las ataca a ellas. Esto es muy importante para los casos en que no se ha podido detectar en el análisis de sangre, para mejorar la calidad de vida de la persona enferma.

Que investiguen e implementen, pero eso no se consigue con corazoncitos. Se consigue con dinero.

Podemos donar, que está bien. Precisamente por eso he destinado los beneficios de mi libro a la AECC. Pero no nos olvidemos que la mayor parte del dinero para investigación lo debe aportar el Estado. Y ahí solo podemos decidir con nuestro voto. Hay que pensar en lo que han hecho los que están y los que estuvieron en el poder acerca de este tema y en base a eso, y a su proyecto político, decidir.Pero decidir a conciencia, tomándonos nuestro tiempo para valorar. Porque nos afecta en mayor medida de lo que creemos.

Y luego, si nos apetece, podemos poner corazoncitos. Por qué no.

Pero hemos de recordar que a las que hemos pasado por otro tipo de cáncer también nos gusta que se nos recuerde. Poned un corazoncito también por el cáncer de cérvix. Y otro por el de ovarios. Y otro por el de colon, el de próstata… ¡Corazones por doquier!




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viernes, 2 de febrero de 2018

Mamá en Apuros de Canguro



El karma es un ente caprichoso. Estaba yo preocupada por cómo podría devolverle el favor a esas Mamás en Apuros que se encargaron de MiniP cuando yo no podía, que ni en cien vidas sería capaz, cuando llegó el karma, con su genial sentido de la oportunidad y me lanzó encima una losa de cien kilos.

«¡Toma, bonita, no penes más que ya estoy aquí!», me dijo, y se marchó alegremente para entregar más justicia divina por el universo.

Y ahí me quedé yo: que pasé de ser un plan b a un plan a en cuestión de segundos. Y para cuidar a una niña de cuatro años, nada menos.

Me preguntó una amiga que si podía hacerme cargo de su hija porque trabajaba y nadie de su entorno estaba disponible. Por supuesto dije que sí, no fuera a ser que el cachondo del karma me estuviera mirando y además pensé que tampoco sería para tanto. Total, ya he criado a una, sé lo que es tratar con una enana.

Ay, amiga, qué equivocada estaba.

Llegó el sábado, y puntual llegó B a dejarme a MiniN. Para empezar, las madres tenemos la memoria atrofiada. Creo que es por algo de supervivencia de la especie, porque solo recordamos cosas buenas. A mi lo que más me alucina es que ya no me acordaba de lo pequeñas que pueden ser las niñas de 4 años. Según me vio me dio un abrazo, un pago adelantado por lo que vendría después, y su madre marchó a trabajar con la preocupación que llevamos todas las madres de hacer cargar con nuestras pequeñas bestiecillas a otras personas que no están acostumbradas.

"¡No te tires Gustavo, que solo son dos horas!" "No puedo más con la vidaaaa"

MiniN es un encanto. Me dio conversación todo el camino a casa. Y cuando llegamos también. Y durante todo el rato que estuvo en casa. Yo creía que MiniP hablaba mucho pero esta chica la superaba con creces. 

Luego, además, no paraba. Veía algo que le llamaba la atención: pues allá que iba con el dedo en ristre y la pregunta saliendo de su boca:

—¿Esto qué es?

—Eso es una casa de las Pin y Pon.

—Lo quiero. 

—Vale.

—¿Esto qué es?

—Un joyero.

—Lo quiero.

—No.

—¿Por qué?

—Porque es para guardar collares.

—Quiero ponerme un collar.

—No, que se pueden romper.

—Pero no lo rompo. Es que me lo quiero poner.

Y así con todo.

Jugó con casi todos los juguetes que tenía MiniP en su cuarto, y como buena hija única y (más importante aún), nieta única, tiene un montón. Luego sacamos un juego de mesa acorde a su edad y nos pusimos las tres a jugar: MiniP, MiniN y yo. Jugamos cuatro partidas seguidas. ¡Cuatro! Dos ganó MiniN y otras dos MiniP. Acabé apalizada. Y dejamos de jugar porque se aburrió.

Llevaba una hora en casa y yo ya empecé a mirar el reloj a cada rato, deseando que llegara la hora. Se portó muy bien, era obediente y no tocaba nada sin preguntar primero, pero no paraba quieta ni un segundo. ¡Hasta cansó a MiniP! Se sentó en el sofá, pidió ver dibujos, y no respondió ni a las llamadas de MiniN para que fuera a jugar. 

Yo no sé si es que, como he dicho antes, ya no me acordaba, o es que MiniP fue más tranquila, pero no me esperaba que una niña de 4 años tuviera tantísima energía. Sé que tienen, pero esto era exagerado. También es verdad que estaba medicada, con Ventolín, y ese medicamento hace que se pongan más nerviosos. Pero no sabía que tanto…

El sábado se fue con su madre más contenta que unas castañuelas, vestida con un disfraz de princesa que a MiniP se le había quedado pequeño, y con la promesa de descansar mucho para volver el domingo. Yo me eché la siesta, pero es que a MiniP no se la escuchó en toda la tarde, entretenida con sus cosas, sin armar ruido ni bailar que es lo usual en ella.

El domingo fue más de lo mismo: energía a raudales. Pero como hizo mejor día cuando aún quedaba un rato para que llegara su madre me las bajé al parque. Allí se pusieron a jugar con los columpios y demás y me dejaron a mi un rato en paz. 

Luego en la despedida todo fueron dramas: no quiero irme, no quiero que se vaya, me quiero quedar, quiero que se quede… Finalmente me arrancó la promesa de repetir otro día, pero puse la condición de que me tenía que recuperar primero. 

Que ya no estoy para estos trotes…

PD: Es verdad, acabé agotadísima, pero volvería a repetir las veces que fuera necesario.


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sábado, 20 de enero de 2018

Reto Serendipia Recomienda



Este año había dicho que iba a ser mi año, empecé con muchas ganas de organizarme, pero luego hubo una serie de cosas que me han hecho caer en lo mismo de siempre... Total, que me veo a 20 de enero y todavía no me había sentado a escribir la entrada del reto de Mónica Gutiérrez.

De modo que he vuelto a lo mismo de siempre. Pero como se suele decir, más vale tarde que nunca. Aunque en este caso tarde, lo que se dice tarde, no llego. Al límite sí, pero no me he pasado de tiempo.

Para quien no conozca cuál es el reto, se trata de Serendipia Recomienda y lo puede cotillear aquí. Consiste en recomendar tres lecturas, a ser posible originales. Yo había pensado en El Perfume, que es la mejor novela de todos los tiempos, bajo mi punto de vista, pero al ser tan grande la he descartado. Esa ya la conoce todo el mundo. En la segunda fase debemos elegir tres lecturas de los demás participantes y hacerles reseña. Las reseñas las enlazaré en esta misma entrada para que no se vuelva loca Mónica al buscarlas.

Y sin más dilación, os presento las tres lecturas que más me gustan a mi, las que considero dignas de compartir.

  1. Chica Cósmica, de Roberto Carrasco. (Pezsapo Editorial). A este escritor lo descubrí por Twitter, hace ya algunos años y su ópera prima me impactó mucho. En Chica Cósmica, su último trabajo hasta el momento, me he encontrado con un autor más maduro, con magia en sus palabras. Cuenta la historia de Arcadia, una chica que se convierte en una niña perdida en la década de los ochenta. Se pierde en una espiral de drogas, sexo y alucinaciones. Es un autor con voz propia que merece mucho la pena. 
  2. Vida Robada, de Ann Morgan (Arrobabooks o Círculo Editorial). Lo pedí a Círculo y lo leí en lo peor de mi verano, cuando no tenía fuerza ni en las neuronas. Lo devoré en dos días. Cuenta la historia de dos hermanas gemelas Hellen y Ellie, que un día con seis años deciden jugar a cambiarse la identidad. El problema llega cuando Ellie, la tonta de Ellie, no quiere devolverle su personalidad a su hermana. Esta mentira marcará el resto de sus vidas.
  3. Mamá en Apuros contra el cáncer, de Pilar G. Cortés (Amazon). Igual no lo conocéis... La autora es una mujer muy maja que destina todos los beneficios a la AECC... No es trampa, porque pregunté a Mónica si podía hacerlo y me dijo que sí. Es el libro que he publicado con los post que escribí desde el diagnóstico de cáncer de cuello de útero hasta que me dijeron que había funcionado y que el tumor era historia. Siempre desde el punto de vista del humor.

Espero que escojáis alguno de ellos (el mío) y que lo disfrutéis (del mío). 
Dejo aquí el lugar donde estarán los enlaces a las reseñas de los tres que yo elija:
  1. Libro 1
  2. Libro 2
  3. Libro 3
Gracias Mónica por organizar el reto, y suerte para todos los participantes.


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viernes, 12 de enero de 2018

¡Feliz año nuevo!

¡Mamá en Apuros es escritora!

¿Qué? ¿Cómo es eso? ¿Me he perdido algo? ¡Sí! He perdido muchas cosas a causa de las fiestas, entre ellas la rutina, pero la noticia más importante, antes incluso de felicitar el año, es esta:
¡Que ya soy escritora!
En este tiempo que no he aparecido por aquí he estado liada compilando, revisando y maquetando lo que se ha convertido en mi primer libro publicado: Mamá en Apuros contra el cáncer. Ha sido una ardua tarea, porque aunque pueda parecer que solo he cogido los post que escribí durante mi tratamiento, también los he revisado, corregido errores y me ha llevado más tiempo del que esperaba. Pero, a fecha del día 25 de diciembre, mi sueño se hacía realidad, y el libro vio la luz. Mirad qué magnífica portada:
Tenía ganas de hacer algo con todas esas palabras que ya volqué por aquí, y que sirvieran más que de adorno cibernético, de modo que todos los beneficios que obtenga con este libro están destinados a la AECC. Desde el principio quería que fuera así, y lo será mientras de beneficios.

Proyectos de año nuevo

Este 2018 se me presenta bien. Lo he arrancado con ganas. Tengo muchos proyectos en mente y ya me estoy poniendo las pilas en cuestión de organización, para que no me atropelle la vida como viene siendo habitual. Te adelanto que este Mamá en Apuros contra el cáncer ha sido el primero, pero no será el último libro que me autopublique. Ya está en preparación mi primera novela. ¡Espero que guste! También habrá un cambio de blog, pero ya lo anunciaré cuando sea oportuno.
Hoy viernes es el último de mis vacaciones, pero estoy feliz. Feliz porque vuelvo a mi vida normal y muy ilusionada con los proyectos que tengo por delante. ¡Este va a ser un gran año! ¡Lo presiento!
Y a ti… ¿Cómo se te presenta el año?

viernes, 22 de diciembre de 2017

¡Feliz Navidad!



Tenía pensado escribir una entrada de Mamá en Apuros, pero es el último viernes antes de Navidad y además estoy liada con un proyecto del que sabréis en breve y que me tiene muy emocionada (los suscriptores os encontraréis un regalo de Papá Noel). De modo que me paso por aquí para desearos que paséis una muy buena noche en compañía de quienes más os apetezca.

¡Feliz Navidad!

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viernes, 15 de diciembre de 2017

Mamá en Apuros: Encuentro con Amaral



El jueves 7 de diciembre es una fecha muy mala para mí. Es una fecha en la que solíamos celebrar un cumpleaños —el de mi padre—, pero no podemos desde hace ya cinco años. Demasiados. El tiempo te distancia del dolor, pero la pena sigue ahí. Es un día que suelo pasar entretenida con algo, y este año me fui de compras con MiniP.

Hacía mucho que no me iba de compras con ella, y creo que ha digievolucionado o algo. Ahora es una especie de pokemon inquieto que no para de toquetear la ropa, que descuelga las perchas para enseñarme lo bonito que es todo y que no para más de dos segundos en el mismo lugar. Yo, que quería una mañana tranquila, de mirar lo que iba buscando —una camisa negra y un pantalón corto de vestir, para la cena de empresa, pero eso lo cuento en otro post—, me encontré que no podía despegar la vista de una niña de siete años que no me dejaba ni pensar con las constantes preguntas. El karma, que tiene maneras muy sutiles de vengarse…*

Estaba ya a punto de estallar cuando recibí una llamada. Miré el móvil y vi el número de mi hermana pequeña. Es muy raro, casi nunca me llama, hablamos mucho pero por mensaje. Lo cogí extrañada.

—Me tienes que hacer un favor —me dijo, tras los saludos de rigor.

—Que no sea muy pesado que no puedo coger mucho peso…

—El lunes me tienes que acompañar a un sitio… Espera, que te leo el email que me han enviado…

En la pausa que hizo para buscar el email, o simplemente que esperó para darle dramatismo, me asusté. Pensaba en juzgados, en cosas laborales, no sé… Algo malo.

—Si está leyendo este email —comenzó a transmitirme—, ¡enhorabuena! Ha sido elegido como ganador de una entrada doble para asistir al encuentro con Amaral…

No escuché más.

—¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿Quéééééééééé?????!!!!!

Mi reacción fue incluso más exagerada que para cinco signos de exclamación. La dependienta del puesto de juguetes que estaba mirando con MiniP en ese momento me miró como si me estuviera dando un ataque, y efectivamente casi que me estaba dando uno.

—¿Un encuentro con Amaral? ¿En serio?

—Sííí.

—¿Y me vas a llevar a mi?

—Pues claro.

En ese momento cambió el día. MiniP siguió comportándose igual, no se relajó, pero nos debimos poner al mismo nivel, porque ya no era consciente de que estuviera alterada. Claro, que yo sí que lo estaba…

Pasaron más cosas ese día, pero no vienen al caso. También pasaron más cosas en los días que siguieron, tuve la cena de la empresa, pero como ya he dicho antes, eso se merece un post aparte. Tan solo añadiré que el día terminó y a mi me habían pasado dos cosas maravillosas: las entradas para ver a Amaral y que encontré unos pantalones de la talla 42 que me quedaban bien… (Probablemente den mucha talla, pero que me hizo ilusión).

Llegó el día. El lunes. Pude dormir bien, porque llegué tarde de la cena de empresa, y el domingo no dormí mucho, por lo que había acumulado sueño. No lo hice a propósito pero me vino bien, porque sino no habría pegado ojo. Los nervios, los nervios. Iba a ver a Amaral de cerca, mi grupo favorito de todos los tiempos, con permiso de los Héroes del Silencio, vaya.

Quedé con mi hermana en Atocha, con tiempo de sobra. Tuvimos un debate sobre dónde y cómo quedar, porque puede ser que yo sea un poco desastre y no me entere bien de la calle en la que quedamos y hasta podría pasar que estuviéramos esperando en estaciones equivocadas, pero no… Nos costó encontrarnos, a pesar de estar en la misma estación, pero después de dos minutos de wasaps mandándonos la ubicación, nos vimos. 

Reímos. Los nervios.
Mi hermana y yo quedando en un sitio concreto.


Encontramos el sitio gracias al gps del móvil, que nos fue indicando las calles por donde ir, y de repente había pasado el tiempo de espera y comenzaba el evento. No os voy a contar cómo fue, porque os voy a dejar el enlace abajo para quien quiera verlo. Fue una entrevista con unas cien personas de público, y tuvimos la oportunidad de hacer algunas preguntas. También tocaron un par de canciones en acústico. Estuve a unos dos metros de ellos. 

Me hizo especial ilusión, porque Amaral de alguna manera se ha convertido en un símbolo de la esperanza durante todo mi tratamiento. Cogimos las entradas de su concierto fin de gira poco antes de que me dijeran que tenía cáncer, y pasé todo el tratamiento pensando en que me tenía que poner bien para asistir al concierto. Fue como mi objetivo primordial. No pensaba solo en curarme, pensaba en que tenía que estar en condiciones el 28 de octubre para verlos en directo. Y lo estuve. Y no solo lo estuve, si no que a los pocos días del concierto me confirmaron que el tratamiento había hecho efecto y que ya no había restos de cáncer. Me dieron suerte. 



Cuando se abrió el turno de preguntas levanté la mano. Quería decir muchas cosas, pero tenía un encargo especial. MiniP me había hecho prometer que si podía hablar con ellos, les preguntara cómo habían empezado en la música. Y eso hice. Si veis el vídeo, esa voz temblorosa y que no termina de explicarse bien es la mía… Me contestaron ambos, con anécdotas graciosas, mirándome a la cara. La fan que llevo dentro se murió un poco de la impresión. 

Es curioso, porque creo que antes de haber pasado por la enfermedad no me habría atrevido a levantar la mano. Pero el lunes sí que me atreví, porque mi filosofía de vida ha cambiado. Hay que aprovechar los momentos que tienes delante, porque es muy posible que no se vuelvan a dar.

Amaral, Eva y Juan, estuvieron sublimes. Cercanos, humildes, con el aspecto que dan de no saber muy bien a qué viene tanto lío con ellos, si lo único que hacen es música. Como si eso fuera poco…

Decir que salí flotando en una nube es quedarse corta. Fue una experiencia genial, que recordaré siempre. Gracias Amaral, por darme tanto. Y gracias, Nunu, por llevarme.

*Dicen las malas lenguas que yo era algo así cuando era pequeña…

Aquí os dejo el vídeo, por si lo queréis ver... Pensaba que no me habían grabado, pero ayer me llevé un susto monumental al descubrir que me equivocaba... En el minuto 48 más o menos, hago mi intervención triunfal con cara de pánico... ¡Pero mereció la pena!



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